La
primera acción misionera fuera de Jerusalén registrada en el
libro de los Hechos, fue a grupos marginados por los judíos, que hasta
eran considerados como sus adversarios. Felipe fue el instrumento de Dios
para llegar a ellos con la buena nueva del evangelio del Señor, y me
refiero a los samaritanos y al eunuco. Los samaritanos surgieron desde la
época de los reyes (2 R. 17:24-41), resultado de la mezcla de razas
que se acompañó de un sincretismo religioso. Los judíos
y los samaritanos se mantenían separados (Jn. 4:9), y por siglos se
despreciaban entre sí. Los eunucos también eran marginados por
la ley (Lv. 17:23; Dt. 23:1).
La segunda obra misionera fue hacia los grupos poderosos (Hch. 10). Pedro
fue a misionar a Cesarea, después de una lucha donde le es mostrado
en visión que debe ir. Así acude a Cesarea, a casa de un ciudadano
romano que era oficial del ejército imperial, públicamente,
en su sermón, Pedro reconoce que Dios no hace distinción de
personas (Hch. 10:34).
La tercera acción de la misión fue al mundo de los griegos,
fenicia, Chipre y Antioquía (Hch. 11:20). De allí la obra se
extendió, tal como fue el plan divino de Jesucristo cuando les dio
el mapa geográfico de las misiones, hasta lo último de la tierra
(Hch. 1:8).
¿Qué nos dice este avance y desarrollo de las misiones en la
iglesia primitiva? ¿Qué lección podemos obtener?
Lo primero que debemos aprender es la universalidad del evangelio de Jesucristo
(Ro. 1:16), observando cómo la palabra de Dios se encarna así
en los que la predican (Ro. 10:15), como en los que la reciben y creen (Ro.
1:17; 10:17). No olvidemos que Cristo nos dijo que este evangelio debe ser
predicado como testimonio a todas las naciones.
Lo segundo es aceptar lo que Dios está haciendo en otras culturas a
través de aquellos que se han atrevido, y se están atreviendo,
a ir a ministrarles el mensaje de Cristo (1 Co. 1:23-25). La iglesia de Jerusalén
tuvo que aceptar la obra de Felipe en Samaria y la de Pedro en Cesarea (Hch.
11:18).
El tercer punto es que debemos asumir el compromiso de las misiones, enviando
y sosteniendo a los misioneros (Hch. 13:1-3). Nuestra iglesia mexicana está
afrontando desde hace años el mundo de las misiones, y con alegría
vemos cómo familias nuestras se están involucrando en el campo
del servicio transcultural. Esta tarea nos necesita a todos, ministros y pastores
y nuestras iglesias, para lograr su cometido de llevar el evangelio a otras
naciones.
Por lo tanto, no soslayemos que desde esta perspectiva nuestro compromiso
es fundamentalmente teológico. Lo que Dios está haciendo con
y a través de ellos, es lo que se dijo de los misioneros primitivos:
Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó
y se convirtió al Señor (Hch. 11:21). Dios está presente
y activo en el mundo también a través de sus siervos que valientemente,
al responder al llamado, se convierten en agentes de cambio, en instrumentos
poderosos en las manos de Dios para salvar a los perdidos. Debe de ser para
nosotros una inspiración que como iglesia, a través de nuestros
misioneros, estemos colaborando en la extensión a todo el mundo del
evangelio de nuestro salvador Jesucristo.
Pero nuestro compromiso no sólo es teológico, también
es ministerial. Los que están yendo al campo misionero son colegas
nuestros, y es gente que milita en nuestras filas ministeriales. Al lado nuestro
la voz de Dios suena poderosa e irresistible, y los que la oyen con disposición
de corazón están apuntándose para ser enviados. Lo mejor
que podemos hacer es apoyarlos y cerrar filas alrededor de ellos, solidarizándonos
con la misión.
Finalmente diré que nuestro compromiso también es económico.
Salvador Salazar, misionero a España, solía decir: Es mejor
lo poco de muchos que lo mucho de pocos. Esta filosofía de la cooperación
misionera es verdad, pues posiblemente en nuestro mundo asambleísta
sean pocos los que puedan dar mucho, pero sí hay muchos que podemos
dar un poco. ¡Dios bendiga a aquellas iglesias que generosamente están
apoyando a las misiones, y abra los corazones de más pastores e iglesias,
a los cuales, desde esta tribuna, invito para que se unan a la causa de las
misiones, que es la causa de todos los asambleístas!