


I.
Elementos del
liderazgo
Es elemental que el pueblo nos reconozca como siervos de Dios. En la historia
de Israel el pueblo quería a un líder humano, tal como tenían
las naciones a su alrededor; querían ser como el mundo. Al buscar a
un líder humano para que los gobernara, estaban rechazando al gobierno
soberano de Dios (1 S. 8:4-9, 19-20). En forma similar, un segmento del liderazgo
está buscando su orientación en el mundo. Tomamos los libros
sobre liderazgo que el mundo nos provee y los incorporamos a nuestros materiales
para la formación de la iglesia, con temas de automotivación
y estrategias de mercadotecnia, y tratamos de ajustarlos a nuestra propia
visión eclesiástica. Al seguir estos modelos del mundo el pastor
acabará por funcionar más bien como gerente general o como el
director de un club. Pero cuando Dios eligió para sí a un pueblo,
llamó a Moisés para que fuera líder de ese pueblo. A
Moisés se le conoció como siervo de Jehová (Dt. 34:5).
Después de su muerte, Dios eligió a Josué para ser su
sucesor, y también él fue conocido como siervo de Jehová.
En forma similar, san Pablo afirma: téngannos los hombres como servidores
de Cristo, y administradores de los misterios de Dios ( 1 Co. 4:1).
El punto de partida primario para una real motivación del pueblo hacia
un avivamiento, es y debe de ser este reconocimiento, pero que esté
originado porque nuestra fuente de dirección pastoral sea imprescindiblemente
bíblica y divina. Nuestra visión será entonces práctica
y espiritual, al depender de la revelación y ratificación de
Dios. Entonces el pueblo estará dispuesto a someterse santa y justamente
a nuestras directrices; sólo así podremos dirigirlos a un avivamiento
genuino, que perdure.
De hecho, Dios quiere que su iglesia se avive, tal como lo expresa el profeta
Habacuc: Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos (3:2). Así
le pide san Pablo a Timoteo: te aconsejo que avives el fuego del don de Dios
que está en ti (2 Ti. 1 :6). Esto revela dos principios:
1. El avivamiento es prerrogativa divina y siempre ha estado en el propósito
de Dios para su pueblo.
2. El espera que nosotros lo anhelemos y lo induzcamos al pueblo con un sentido
de urgencia, con una buena dosis de profunda humillación y comunión
e intimidad incesante. Invitémosle, Dios desea manifestarse en nuestras
vidas.
II. La necesaria sumisión del líder
Ahora consideraré algunas características y actitudes que como
líderes y pastores debemos asumir en cuanto al avivamiento que Dios
desea participemos, bajo la pauta bíblica de los Hechos 8:4-25.
Es elemental señalar que en los avivamientos está presente la
sumisión del creyente al cuerpo de Cristo. El relato bíblico
al cual aludo dice que cuando los apóstoles oyeron que Samaria había
recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan para que orasen por
ellos y recibiesen el Espíritu Santo (Hch. 8:14-15). En estos versículos
sobresale significativamente la sumisión de Felipe, quien esperó
a quienes correspondía este ministerio. ¡Cuanta falta hace en
nuestra época gente con el espíritu de Felipe, sujetos a la
autoridad eclesiástica y con un alto sentido de responsabilidad al
cuerpo de Cristo! Algunos piensan que como sus ministerios han tenido cierto
éxito, esto les da derecho para desafiar la autoridad eclesiástica
o que pueden separarse de su denominación, y reclamar para sí
la propiedad de la obra que han establecido. Cuando el espíritu de
soberbia prevalece se pone riesgo el avivamiento; por ello, todos debemos
otorgarnos respeto y consideración. Felipe aceptó la supervisión
de Pedro y Juan; si los hubiera desafiado realmente no se hubiera cumplido
con el propósito del avivamiento.
III.
La imprescindible predicación
cristocéntrica
No se pueden producir avivamientos hablando de temas extrabíblicos y humanistas. Tampoco falta quienes predican de todo, menos de la figura de Cristo. Es de suma importancia destacar el hecho de que Felipe puso a Cristo como la figura central de su predicación: les predicaba a Cristo (Hch. 8:5). Recordemos que no importando cuales sean los propósitos generales ni específicos de la predicación, el centro de cada mensaje es Jesucristo.
IV.
La urgente
erradicación
del mercantilismo
La corrección doctrinal del apóstol Pedro a Simón el mago fue que el don de Dios no se obtiene con dinero (Hch. 8:20). Simón funcionaba bajo las leyes mundanas del engaño, donde el dinero juega un papel importante. Hoy también es un peligro asociar la obra de Dios y lo que Dios hace con cuanto dinero pueda o no dar la gente. Debemos examinar nuestros métodos y estrategias al levantar fondos en los ministerios e iglesias, procurando desechar la mercadería que algunos pretenden acompaña a los avivamientos. Tal parece que muchos desean hacer dinero con los asuntos de Dios, y la candidez e ignorancia de la palabra de Dios de muchos hombres y mujeres no les permite refutar los denigrantes métodos para generar ganancias de estos predicadores que venden promesas bíblicas, sin caer en la cuenta del pecado de simonía en el cual han caído. No olvidemos que mucha gente está en contra nuestra, buscando excusas para atacarnos a nosotros y al evangelio que predicamos, y rechacemos estas acciones que no ayudan al avivamiento.
V.
La oportunidad para el
recto de corazón
La segunda declaración doctrinal de Pedro es sobre la rectitud de corazón del creyente para recibir el don de Dios (Hch. 8:21). No puede haber avivamiento si no hay corazones rectos en la iglesia. Todo creyente que desee un mover del Espíritu Santo tiene que examinar sus motivos e intenciones del corazón: Si lo importante para la gente es sólo ver las manifestaciones del avivamiento, entonces hará lo que sea para provocarlas o remedarlas, aun cuando el corazón esté lejos de Dios. Al igual que Simón, algunas personas con un corazón impuro tampoco tienen parte ni suerte en el avivamiento (Hch. 8:21). Este problema prevalece hoy, entre más gente quiera involucrarse sin tomar en cuenta sus motivaciones, más peligrará el desarrollo y crecimiento de los avivamientos. Cuidemos que haya siempre rectitud en nuestros corazones.
VI.
Lo determinante del
arrepentimiento
La tercera afirmación doctrinal del apóstol Pedro fue directa; él le dijo a Simón: Arrepiéntete (Hch. 8:22). El arrepentimiento es fundamental para todo avivamiento permanente; no puede haber avivamiento si no hay arrepentimiento de pecado. Orar para buscar la dirección divina sin tener la menor intención de cambiar es fatal. Si Dios nos visita y nos vitaliza entonces nos induce a cambiar, pero si no obedecemos, el resultado será mayor endurecimiento en nuestro corazón, como en el corazón de Faraón. En los verdaderos avivamientos es siempre inherente la convicción de pecado en el corazón del hombre.
VII. La prevalencia de la doctrina
Es interesante notar que la visita y ministración de Pedro y Juan en
el avivamiento de Samaria fue para ratificar las doctrinas fundamentales de
la Iglesia, a saber: la salvación, el bautismo en el Espíritu
Santo, el bautismo en agua, la liberación de los posesos, sanidades,
prodigios y milagros (Hch. 8: 6-7, 12, 17). Es definitivo, apreciados hermanos,
no es posible desear y pedir un avivamiento si no estamos convencidos de que
está ligado a estas doctrinas y sus manifestaciones.
Las manifestaciones de los múltiples avivamientos en la historia del
cristianismo han ido cambiando, porque han sido manifestaciones circunstanciales
y a veces manipuladas. Pero estos principios que nos enseña el avivamiento
de Samaria, siempre perdurarán. Debemos estar abiertos y sensibles
a la forma bíblica que Dios nos muestra en su Palabra del moverse del
Espíritu Santo; esto realzará la gloria de Dios y evidenciará
irrefutablemente su poder. Estoy convencido de que la profecía de Joel
2 también es para nuestros días, porque Dios sigue preparando
a su Iglesia para su retorno. ¡Es un privilegio supremo que Dios nos
permita involucrarnos directa y funcionalmente en este avivamiento, bajo su
pauta y dirección!
Pbro. Roberto Fernández Rubio