


Nuestros pioneros fueron hombres y mujeres humildes, de gran visión y pasión, que abrieron el surco y llevaron el evangelio a ciudades y barrios. Entre ellos recordamos a Modesto Escobedo, Cesáreo Burciaga, Rodolfo C. Orozco, Rubén Arévalo, Manuel Cantú, Ana Sanders, Mauricio Castro, Andrés Sánchez, Andrés Araiza y Augusto Aguilar.
EL SUEÑO DE LOS PIONEROS
Los padres asambleístas
anhelaban aprovechar toda oportunidad para predicar el evangelio. Entre
los lemas que utilizaban y que de alguna forma sintetizan ese sueño
tenemos: Todo México para Cristo y México, una patria redimida;
no debemos relegar esos sueños en nuestra iglesia fiel.
Pero no sólo lo soñaron, también se esforzaron por
conquistarlo y establecer iglesias. Por ejemplo, los hermanos Ana Sanders
y Rubén Arévalo en el Sur; Eusebio Herrera en el Pacífico;
Modesto Es-cobedo y Manuel Cantú en Tamaulipas; Cesáreo Burciaga
en Coahuila; Rodolfo C. Orozco y Mauricio Castro en Nuevo León; Concepción
Hernández en el Bajío; y cómo olvidar a José
González Becerra o a Alfredo Sandoval, quien a los 74 años
fundó una nueva iglesia en Saltillo.
La fundación de obras nuevas estaba acompañada de una poderosa
predicación del mensaje pentecostés, que la gracia divina
confirmaba con bautismos en el Espíritu Santo, sanidades, milagros,
desafíos a la santidad y un siempre presente recordatorio de la inminente
segunda venida del Redentor.
OBSTÁCULOS QUE
ENFRENTARON
El amplio catálogo de los obstáculos que enfrentaron no los arredró, porque en todo confiaron en la misericordia del Dios eterno. Con todo, debieron lidiar con católicos fanáticos, falta de recursos económicos, persecución por restricciones o lagunas en las leyes religiosas, carencia de literatura, tener templos pequeños, uso inadecuado de los medios de comunicación y hasta la poca instrucción que era usual en la época.
LÍDERES DE
SEGUNDA GENERACIÓN
Cuando el relevo generacional en el liderazgo se llevó a cabo, surgió una nueva pléyade de distinguidos obreros que supieron estar a la altura de las circunstancias; ellos siguieron promoviendo la extensión del evangelio a las ciudades donde no había llegado. Entre ellos recordamos a los presbíteros Guillermo Fuentes, Juan Consejo Orozco, José María Duarte, Alfonso de los Reyes, Raymundo Olmeda, Abraham Hernández, Miqueas Cantú, Gabriel Ortiz y Adolfo Salazar.
EL IMPERATIVO DEL
SEÑOR JESUCRISTO
Hoy, en la presente generación
que contempla los desafíos de una sociedad con valores trastocados,
y ante el ejemplo de quienes nos precedieron en la fe, declaramos que el
mandato bíblico sigue vigente porque no fue sino Jesucristo el que
afirmó: edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán
contra ella (Mt. 16:18). Por ello nosotros también debemos seguir
mostrando diligencia en cuanto a:
1. La evangelización por todas partes y la inversión de todos
los recursos necesarios (Mr. 16:15).
2. La fidelidad como una forma de vida para un testimonio eficaz (Hch. 1:8).
3. El desafío del discipulado para el crecimiento integral de la
iglesia, que a-barque las siguientes áreas:
Geográfica (Hch. 1:8).
Numérica (Hch. 2:47).
Espiritual (Ef. 4:11-16).
4. Entonces, para estar a la altura del imperativo divino debemos prepararnos
para la cosecha.
Lo primero es desarrollar la visión; de no ser así el tiempo
se nos consumirá y no obtendremos resultados, por carecer de una
dirección en la cual avanzar.
Lo segundo es el trabajo arduo y paciente, recordando que el proceso de
la cosecha implica preparar la tierra, sembrar la semilla apropiada, cuidar
el nacimiento de la planta, vigilar su crecimiento y cosechar el fruto que
a su vez deberá sembrarse para reiniciar el ciclo.
MODELO PARA LA
EXTENSIÓN DE LA IGLESIA
La iglesia que anhele la extensión
siempre debe renovarse en los siguientes aspectos:
1. Oración, ayuno y visión.
2. Buscar finanzas con fe.
3. Seleccionar el área para evangelizar.
4. Formar el equipo de trabajo, seleccionándolo con cuidado.
5. Proveerse del material necesario, como biblias, literatura, videos o
casetes.
6. Establecer un plan de trabajo, con las estrategias y objetivos respectivos.
7. Hallar el lugar para las reuniones.
Así, el propósito de Dios y el sueño de generaciones de asambleístas continuará reflejado en nuestro tiempo, y la Iglesia continuará con su extensión.