Fue
una constante espera en oración la que precedió al derramamiento
del Espíritu Santo en aquel día de Pentecostés, cuando
la iglesia apostólica experimentó el bautismo que los revistió
de poder. Todos éstos perseveraban unánimes en oración
y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con
sus hermanos (Hch. 1:14). En obediencia al mandato del Señor, todos
los apóstoles junto con las mujeres, perseveraban unánimes,
entregados a la ferviente oración y ruego, hasta que descendió
el poder del Espíritu Santo. Aunque la oración es una práctica
cristiana, en nuestro tiempo muchas veces es marginada en los hechos y no
se le da la importancia que debe de tener, cuando en realidad ha de tomarse
como un ejercicio espiritual, que requiere disciplina y práctica, hasta
que llegue a ser parte de nuestro estilo de vida.
En cuanto a la oración, en Lucas 18:1-8 el Señor Jesucristo
refirió a sus discípulos una parábola sobre la necesidad
de orar siempre y no dejarlo de hacer, no desmayar. En otras palabras, debemos
de permanecer en oración y no dejarnos vencer por las circunstancias
adversas, pues si nos mantenemos en oración alcanzaremos la victoria.
El concluyó la parábola diciendo: ¿Y acaso Dios no hará
justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se
tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia.
El apóstol Pablo también afirmó: Orad sin cesar (1 Ts.
5:17). No se refirió a las oraciones públicas que hacemos cuando
asistimos a algún culto de la iglesia, sino a los tiempos de oración
que practicamos en casa, y en privado; esto requiere más tiempo para
estar en comunicación con Dios, es orar hasta que la presencia de nuestro
Dios inunde todo nuestro ser: orando en todo tiempo con toda oración
y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia
(Ef. 6:18).
Así, la iglesia del siglo XXI debe anhelar ser una iglesia de oración:
que en medio del crecimiento y desarrollo de la iglesia moderna, mantengamos
un programa de oración permanente, que proyecte la vida espiritual
de la congregación. La calidad espiritual de una iglesia local se revela
en la asistencia a sus cultos de oración y no en los diferentes programas
públicos que se desarrollan.
La
oración es INSUSTITUIBLE
El aumento de la maldad, la inseguridad, el ocultismo, la pobreza, el materialismo,
la violencia intrafamiliar y la idolatría, por señalar algunos,
son grandes desafíos que requieren a una iglesia que permanezca de
rodillas, continuamente pidiendo misericordia a Dios. La iglesia no puede
enfrentar al cosmos si no se mantiene en constante oración, pues la
oración es determinante para cumplir con la misión de Cristo,
y para alcanzar crecimiento.
Reitero que una de las características de la iglesia del siglo I era
la oración, ella perseveraba en la oración, iba al templo a
la hora de la oración, todos oraban, Pedro subió a la azotea
a orar, Pablo oraba incesantemente. En fin, que una congregación que
no ora, no está siguiendo el modelo que nos dejó nuestro Señor
Jesucristo y sus apóstoles, de orar siempre y no desmayar.
Para que se derrame un avivamiento colectivo se requiere que haya creyentes
con profunda sed espiritual, de tal manera que doblen sus ro