


La historia parece
trazar una línea que separa a los hombres; de un lado están
aquellos que fueron sobresalientes, distinguidos, héroes; del otro
lado, hombres que obtuvieron logros y vivieron para una o más causas,
pero que no lograron distinguirse. La diferencia radica en que estos llegaron
hasta el límite, mientras que los primeros fueron más allá
de los límites. Los límites son como las fronteras, los hay
naturales, artificiales o imaginarios, pero los seres humanos podemos elegir
quedarnos dentro de los límites y ahí dentro hacer nuestra
obra, es decir, hacer todo bajo limitantes, o bien, podemos aceptar el reto
e ir más allá de esos límites.
Las Sagradas Escrituras tienen ejemplos de hombres que fueron más
allá del límite. Estos hombres nos enseñan que es posible,
si estamos dispuestos, encarar esos desafíos que parecen interponerse.
Josué y Caleb
El equipo de espionaje lo formaron
12 jóvenes de Israel; la misión, introducirse a la tierra
prometida, aún en manos de pueblos guerreros que ofrecían
resistencia, y dar un informe sobre ella. El informe resultante del espionaje
confirmaba que la tierra prometida llenaba las expectativas comunicadas
por Dios a sus padres: es tierra que ciertamente fluye leche y miel. Pero,
¿qué fue lo que limitó a estos varones para que sólo
confirmaran la exactitud de la promesa divina pero no se entusiasmaran por
poseerla? La Biblia es clara y contundente al respecto: en Números
13-14 se describe que se vieron limitados en sus recursos y capacidad de
conquistadores porque basaron su informe en su pobre, cobarde y mediocre
criterio: éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas. No
obstante, la diferencia la establecen Josué y Caleb, al ir más
allá de los límites; ellos demuestran que se puede ir más
allá. No desmienten a sus compañeros ni contradicen su informe,
pero basan su perspectiva de la tierra prometida en la perspectiva de Dios:
Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos
nosotros que ellos.
El asunto es claro; nuestro enemigo el diablo, descrito en Apocalipsis como
un dragón, al ser visto desde nuestra perspectiva es un ser aterrador,
un monstruo imponente que paraliza de miedo. Ahora véalo desde la
perspectiva de Dios y todo cambia: desde el cielo el terrible dragón
se ve como una inofensiva y miserable lagartija.
David
David fue un hombre joven que
actuó en fe; corrió el riesgo enfrentando al gigante filisteo
que tenía, literalmente, paralizado el ejército de Israel.
Durante cuarenta días el gigante estuvo desafiándole por la
mañana y por la tarde. Los soldados de Israel, hombres de guerra
equipados para la batalla y estimulados con atractivas recompensas, al compararse
con el enemigo gigantón veían escasas sus esperanzas de victoria,
limitados por el miedo, por su condición física, por sus armas
frente a las del enemigo y, sobre todo, limitados por su falta de confianza
en Dios, por lo que actuaban ya como fracasados.
En medio de esa crisis de frustración y pánico emerge un joven
que no es soldado y no ha sido adiestrado en las armas de guerra, pero que
es poseedor de cualidades que lo hacen diferentes al resto. Es diferente
de aquellos que viven limitados. ¿Qué es lo que hace que David
vaya más allá de los límites impuestos por el enemigo?
David es celoso de la causa de Dios, lo demuestra al decir: ¿quién
es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios
viviente?
David es un hombre de fe: Jehová... me librará de la mano
de este filisteo.
David es innovador: no aceptó el equipo militar del rey y echó
de sí aquellas cosas.
David conoce el poder del nombre de su Dios: vengo a ti en el nombre de
Jehová de los ejércitos.
David es visionario: yo te venceré, y te cortaré la cabeza.
David, finalmente, es un proclamador de la grandeza de Dios: toda la tierra
sabrá que hay Dios en Israel.
Salomón
David, el gran rey de Israel, reunió los recursos para construir el templo de su Dios. Antes de iniciar la obra Dios le dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre (1 Cr. 28:3). A partir de ahí se dedicó a instruir a su hijo Salomón para que fuera el constructor del templo y le entregó los planes del mismo y todos los recursos necesarios. El reinado de Salomón proyectado por David estaba limitado a ser Salomón el constructor del templo. No obstante, cuando Salomón era ya rey buscó el rostro de Dios y le presentó su proyecto de vida; su proyecto era ambicioso y rompía los límites establecidos por su padre David: Salomón pidió a Dios sabiduría para gobernar a Israel. No se limitaría a ser el constructor, él iba a ser un gobernante sabio y haría de Israel un reino más grande y rico que en tiempos de su padre. Nunca, ni antes ni después, hubo un rey tan sabio como Salomón, quien se atrevió a romper los límites e ir más allá de lo preestablecido por él.
Ir más allá del límite es para muchos un desafío que los hace moverse en el mundo de la fe y la oración; quieren ganar sus propias batallas derrotando al enemigo que intenta imponer sus límites. Para otros ir más allá del límite se ha convertido en un estilo de vida porque se han convencido de la realidad de la unción y gloriosa presencia de nuestro Dios los ha equipado para ello. Desde esta página les animo a decidirnos todos como hombres y mujeres de Dios a ir más allá del límite impuesto por la economía, la salud, la cultura, la educación, el mundo o el diablo mismo. Jehová está con nosotros.
Pbro. Marcelino González
Galván
Secretario General