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Convocados en la ciudad de San Salvador, El Salvador, los días 20 y 21 de abril de 2004 por las directivas de CELAD y CADSA, entidades representativas que integran a los países latinoamericanos a través de los superintendentes generales y líderes regionales de las Asambleas de Dios, y reunidos los representantes de Argentina, Belice, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, en un espíritu de fraternidad y responsabilidad pastoral compartida, mediante un acercamiento sincero a los desafíos que nos confrontan, reflexionamos sobre temas de interés y resolvimos declarar lo siguiente:

Primero
Reafirmación pentecostal

Reafirmamos que, como Asambleas de Dios, nos constituimos de origen y mantenemos nuestra definición doctrinaria pentecostal en relación con la experiencia bíblica denominada bautismo en el Espíritu Santo.
Reafirmamos que la evidencia física e inicial de este bautismo, conforme se desprende de las Sagradas Escrituras, es el hablar en otras lenguas según el Espíritu da que se hable.
Reafirmamos que los dones, ministerios, fruto y manifestaciones del Espíritu Santo permanecen vigentes durante toda la edad de la Iglesia.
Reafirmamos que las Sagradas Escrituras constituyen la única, infalible y suficiente regla de fe y conducta para las iglesias.
Reafirmamos que, de acuerdo a las Sagradas Escrituras, la iglesia apostólica constituye el modelo de fe y práctica para el cuerpo de Cristo, el cual permanentemente nos desafía y convoca a una auténtica y profunda renovación espiritual.
Reafirmamos que, históricamente, constituimos una iglesia evangélica trinitaria.
Reafirmamos que, como cristianos evangélicos, reconocemos a Cristo y solamente a Cristo, mediante su muerte y resurrección, como fuente y causa de eterna salvación para la Iglesia, sin necesidad de las obras ni de los ritos ni de las experiencias misticistas.
Reafirmamos que la Iglesia constituye el programa salvífico de Dios en la actual dispensación de la gracia, distinguiéndola así de Israel como pueblo escogido, pero dentro del propósito divino de establecer su reino.
Reafirmamos que, como pueblo redimido, ha de ser nuestro fruto la santificación, siendo en efecto el plan de Dios redimir para su reino a un pueblo celoso de buenas obras, no siguiendo la corriente de este mundo, sino transformado por medio de la renovación de nuestro entendimiento.
Reafirmamos que, siendo que Cristo es el autor y consumador de la fe, descartamos toda corriente fideísta que atente contra la soberanía de Dios.
Reafirmamos que nuestra dependencia del Espíritu Santo es el factor determinante para el cumplimiento de la gran comisión, sin desconocer el valor relativo de los métodos, programas o estrategias de trabajo.
Reafirmamos que Cristo, poder y sabiduría de Dios, nos ha sido hecho justificación, santificación y redención, por tanto, lo confesamos a él como el único cimiento de la fe de la Iglesia.
Reafirmamos que en Cristo, Dios ha provisto todos los recursos de restauración integral para el ser humano, por el poder del Espíritu Santo.
Reafirmamos que la Iglesia de Cristo es una sola, universal y santa, compuesta por todos los redimidos por su sangre, por lo tanto, reconocemos y alentamos la comunión en el Espíritu sobre la base del nuevo nacimiento.

Segundo
En relación con el ministerio apostólico

1. Las Asambleas de Dios reconocen la vigencia del ministerio apostólico, así como el de profetas, evangelistas, pastores y maestros, constituidos por Cristo Jesús para la edificación de su Iglesia.
2. El ministerio de apóstol consiste esencialmente en investir en poder, autoridad y sabiduría para enviar a establecer el reino de Dios, velando por la sana doctrina y desarrollo de la Iglesia.
3. En las Asambleas de Dios el verdadero ministerio de apóstol ha estado presente desde su origen.
4. El ministerio apostólico, aun en el primer siglo, nunca ha sido una autoridad exclusiva, mucho menos absoluta.
5. La distorsión del ministerio apostólico ocurre frecuentemente en aquellos que buscan la fama, la prosperidad o el poder eclesiástico, sin estar sujetos a ninguna autoridad.
6. El movimiento apostólico contemporáneo se define en términos de poder y autoridad antropocéntrica y, por lo tanto, no corresponde a una verdadera exégesis del Nuevo Testamento.
7. No se debe crear una élite de apóstoles; tales redes no corresponden al modelo del Nuevo Testamento.
8. La Iglesia debe tener en cuenta la advertencia de las Sagradas Escrituras en relación con los falsos apóstoles, por lo tanto, ha de agudizar su discernimiento espiritual para identificarlos.
Tercero
Discipulado

Por cuanto el mandato de hacer discípulos es esencial al cumplimiento de la gran comisión, recomendamos:
1. Que cada país haga un diagnóstico de sus necesidades de acuerdo a su propia idiosincrasia y cultura, para que los creyentes sean discipulados conforme al evangelio, procurando elaborar proyectos, programas y materiales adecuados para tal fin.
2. Discipular a través de la plantación de iglesias, de tal manera que cada habitante del país tenga acceso a una iglesia discipuladora.
3. Entrenar desde los institutos bíblicos a los futuros ministros para que tengan una visión clara acerca del discipulado.
4. Facilitar a los pastores orientación en conferencias y talleres, con materiales adecuados acerca del tema, para su aprovechamiento y uso práctico en el desarrollo de la iglesia que presiden.

Cuarto
Células

Reconocemos que los métodos de células y grupos familiares:
1. Son una alternativa adecuada para realizar el discipulado a través del contacto personal y directo que se da con la gente en su propia comunidad.
2. Son una estrategia eficaz para evangelizar y alcanzar a los perdidos, que fueron practicadas por la iglesia primitiva.
3. Son una oportunidad para que la Iglesia sea conocida en los hogares de la comunidad circundante.
4. Son una plataforma para transmitir la visión de la Iglesia y su programa de crecimiento y alcance.
Al mismo tiempo recomendamos en el uso de las diversas metodologías:
1. Cuidar que los encuentros o retiros no se vuelvan una reunión de manipulación emocional, psicológica o de prácticas extrañas.
2. Recordar que la metodología, cualquiera que sea, no es infalible y, por lo mismo, debe tenerse cautela en la forma en que se guía a una iglesia local. Todo método que se adopte debe adaptarse y perfeccionarse de acuerdo al entorno y visión de la propia congregación.
3. El gobierno que las Asambleas de Dios ha implementado en los estatutos nacionales que han sido aprobados por sus ministros e iglesias debe mantenerse a salvo de las diferentes metodologías.
4. Tener cuidado con las fuentes donde se recogen los métodos y se realiza el entrenamiento, por el hecho de que se han infiltrado nuevas corrientes doctrinales, por lo cual se hace necesario que cada país diseñe un programa de entrenamiento y asesoría permanente para los pastores que decidan seguir cualquier método.

 

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